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UROLOGOS EN QUITO

NORTE DE QUITO SUR DE QUITO VALLES DE QUITO

La prostatitis es la inflamación de la glándula prostática, frecuentemente causada por infecciones bacterianas, provocando dolor pélvico, micción difícil y síntomas pseudogripales. El tratamiento incluye antibióticos (aguda), medicamentos para el dolor/alfa-bloqueantes (crónica), cambios en la dieta y en casos graves, hospitalización.

 

Tratamientos para Prostatitis

 

Antibióticos: Son esenciales para la prostatitis bacteriana (aguda o crónica) y pueden requerir tratamientos de 4 a 6 semanas o más. Alfa-bloqueantes: Ayudan a relajar los músculos del cuello de la vejiga y la próstata, facilitando la micción. Antiinflamatorios/Analgésicos: Medicamentos para reducir la inflamación y aliviar el dolor. Cambios en el estilo de vida/dieta: Evitar alcohol, cafeína, comidas picantes y alimentos con mucha sal o grasas para disminuir la irritación. Terapias alternativas: Baños de asiento calientes, masajes prostáticos o fisioterapia pélvica. Medicamentos para Prostatitis Antibióticos: Ciprofloxacino, levofloxacino, trimetoprima-sulfametoxazol. Alfa-bloqueantes: Tamsulosina. Antiinflamatorios no esteroideos (AINEs): Ibuprofeno, naproxeno.

 

Tipos de Prostatitis

 

Prostatitis bacteriana aguda: Infección repentina y grave que requiere atención médica inmediata. Prostatitis bacteriana crónica: Infección recurrente, con síntomas menos intensos pero duraderos. Prostatitis crónica/Síndrome de dolor pélvico crónico: Dolor continuo sin infección bacteriana activa. Prostatitis inflamatoria asintomática: Inflamación sin síntomas, a menudo diagnosticada durante exámenes de fertilidad o próstata.

 

Síntomas Comunes

 

Dolor en la zona pélvica, ingle, zona lumbar o genitales. Dificultad, ardor o dolor al orinar (disuria). Necesidad de orinar frecuentemente, especialmente por la noche. Fiebre y escalofríos (especialmente en prostatitis aguda). Se recomienda acudir a un urólogo si los síntomas no mejoran o empeoran para evitar complicaciones.

 

Tipos de prostatitis Existen distintos tipos de prostatitis:

 

Prostatitis aguda (tipo I)

 

La prostatitis aguda es un tipo de infección bacteriana aguda frecuente, que se diagnostica fácilmente y que suele responder bien al tratamiento antibiótico. El cuadro clínico se caracteriza por aparición súbita con fiebre alta, escalofríos o tiritonas, malestar general, lumbalgias e intensas molestias miccionales que pueden llegar a la retención aguda de orina. En la orina es frecuente encontrar piuria, bacteriuria y hematuria. Al tacto rectal la próstata está blanda, dolorosa y congestiva; puede aparecer exudado purulento por meato uretral. Debe evitarse un tacto rectal agresivo por la posibilidad de una sepsis. En plasma el nivel de PSA suele estar elevado. Los gérmenes comunes encontrados en los cultivos son Escherichia coli, Enterococo, Klebsiella pneumoniae, Proteus mirabilis, Pseudomona aeruginosa y Staphylococcus aureus. La infección cede rápidamente con antibióticos que se deben mantener un tiempo relativamente largo entre seis y ocho semanas. La prostatitis aguda bacteriana puede estar originada por una enfermedad de transmisión sexual, aunque también es muy frecuente en los pacientes con hiperplasia benigna de próstata, tras una infección urinaria. Tiene una incidencia de 1-2 casos cada 10 000 varones. La infección bacteriana abarca el 5 al 10% de todos los casos de prostatitis. Por lo tanto, podemos decir que el 90 al 95% de los hombres con síntomas no tienen bacteria.

 

Las infecciones de las vías urinarias (IVU) son infecciones bacterianas frecuentes, a menudo causadas por E. coli, que afectan la vejiga (cistitis), uretra o riñones. Se tratan con antibióticos como nitrofurantoína, fosfomicina o cefalexina. Los síntomas incluyen ardor al orinar, urgencia frecuente y orina turbia. La prevención implica alta ingesta de agua e higiene adecuada.

 

Cistitis

 

La cistitis es la inflamación aguda de la vejiga urinaria, con infección o sin ella.​ Etimológicamente, como todos los términos médicos acabados en "-itis", hace referencia a la inflamación de un órgano, en este caso la vejiga.

 

Puede tener distintas causas. La causa más frecuente de cistitis es la infección por bacterias gramnegativas, destacando entre todas la Escherichia coli. Para que un germen produzca cistitis primero debe colonizar la orina de la vejiga (bacteriuria) y posteriormente producir una respuesta inflamatoria en la mucosa vesical. A esta forma de cistitis se le denomina cistitis bacteriana aguda. Afecta a personas de todas las edades, aunque sobre todo a mujeres en edad fértil o a ancianos de ambos sexos. Otras formas de cistitis son la cistitis tuberculosa (producida en el contexto de una infección tuberculosa del aparato urinario), la cistitis química (causada por efectos tóxicos directos de algunas sustancias sobre la mucosa vesical, por ejemplo la ciclofosfamida), la cistitis rádica (secuela crónica de tratamientos con radioterapia sobre la pelvis), la cistitis glandular (una metaplasia epitelial con potencialidad premaligna) o la cistitis intersticial (una enfermedad funcional crónica que cursa con dolor pélvico, urgencia y frecuencia miccional).

 

Síntomas

 

Los síntomas más frecuentes son: Aumento en la frecuencia de las micciones (poliuria). Se experimenta una necesidad constante de ir al baño incluso durante la noche (nicturia, apremiante en ocasiones). Dolor intenso en la región suprapúbica (sobre la vejiga). Disuria (ardor y dificultad, complicada con dolor, al orinar e incluso después). Fiebre (por encima de los 37 °C). También puede presentar orina turbia acompañada o no de piuria (aumento de los leucocitos en la orina) o hematuria (presencia de hematíes en la orina). Suele ir acompañada también por fuerte mal olor, a menudo similar al del amoníaco. En los niños menores de cinco años es frecuente que los síntomas adopten formas más imprecisas como debilidad general, irritabilidad, falta de apetito o vómitos. En personas mayores, los síntomas pueden complicarse con debilidad, confusión, fiebre o caídas.

 

Algunos de los síntomas enumerados en la sección anterior no son exclusivos de esta patología, por lo que se hace necesario recurrir a pruebas diagnósticas concretas que confirmen que se trata de un caso de cistitis. Generalmente se recurre a una muestra de orina en la que se rastrean los siguientes componentes: glóbulos blancos, glóbulos rojos, bacterias y ciertos elementos químicos como los nitritos.

 

El tratamiento para las infecciones de orina o cistitis es complejo y puede no dar resultados inmediatos. Por eso, puede incluir desde la prescripción de distintos tipos de fármacos a la planificación de cambios en la dieta. Otras medidas complementarias son la terapia física para trabajar el fortalecimiento de la vejiga y la actividad física moderada. En el caso de que se trate de una infección vesical simple, suele recomendarse tomar antibióticos administrados por vía oral para evitar que la infección se expanda a la zona renal. El tratamiento suele prolongarse durante 3 días en el caso de las mujeres y entre 7 y 14 para los hombres. En caso de presentar complicaciones (tales como una gestación avanzada o diabetes), deberán tomarse antibióticos durante al menos una semana. El facultativo puede prescribir también fármacos para aliviar el dolor al miccionar, así como la sensación de urgencia ante dicho proceso. El clorhidrato de fenazopiridina es el más habitual. La acción de los medicamentos debe verse complementada por la ingesta abundante de agua.

 

Cálculos Renales

 

Un cálculo renal o piedra en el riñón es un trozo de material sólido compuesto de sales de fosfato y carbonato cálcico o úricas, que se forma dentro del riñón a partir de sustancias que están en la orina.​ La nefrolitiasis, litiasis renal o, antiguamente, mal de piedra es la formación de dichos cálculos en el riñón. Una piedra pequeña puede pasar por el sistema urinario y ser evacuada sin causar síntomas. Sin embargo, si un cálculo crece a más de 5 milímetros (0,2 pulgadas), puede causar un bloqueo del uréter, lo que provocará un dolor intenso en la parte inferior de la espalda o el abdomen.​ Un cálculo también puede producir sangre en la orina, vómitos o dolor al orinar.​ Alrededor de la mitad de las personas que sufrieron de un cálculo renal tendrán otro en los próximos diez años.

 

La mayoría de los cálculos se forman debido a una combinación de factores genéticos y ambientales.​ Los factores de riesgo incluyen niveles altos de calcio en la orina; obesidad; ciertos alimentos; algunos medicamentos como los suplementos de calcio; hiperparatiroidismo; gota y la ingesta insuficiente de líquidos.

Entre el 1 % y el 15 % de las personas a nivel mundial se ven afectadas por cálculos renales en algún momento de sus vidas. La frecuencia de nefrolitiasis por sexo es de un 13 % para el hombre y 7 % para la mujer. Este tipo de piedras suelen estar compuestas de calcio o de niacina, por lo cual se puede obtener un mayor riesgo.

 

Claificación

 

1) Cálculos de calcio Es el tipo de piedra más común. El calcio es un mineral que forma parte de nuestra dieta normal. El calcio que no se necesita para los huesos y los músculos pasa a los riñones. En la mayoría de las personas, los riñones eliminan ese excedente junto con el resto de la orina. Por el contrario, cuando el calcio se retiene en los riñones, se une a otros desperdicios para formar una piedra.

 

La nefrolitiasis por cálculos de sales de calcio representa entre el 75 % y el 85 % de todos los casos de cálculo renal. Es más frecuente en varones. Las sales que componen las piedras son las de oxalato de calcio y las de fosfato de calcio. Esta última puede presentarse en forma de hidroxiapatita o en forma de brushita. La edad en la que comienzan a formarse estos cálculos es, generalmente, entre los 20 y los 39 años de edad.

 

2) Cálculos de ácido úrico Se pueden formar cuando hay demasiado ácido en la orina (pH < 5,4), a causa de un exceso de ácido úrico en la sangre. Este tipo de cálculos representa entre el 5 % y el 10 % de los casos de nefrolitiasis, y también es más frecuente en varones. La comorbilidad de gota en las personas con cálculos de ácido úrico es de 50 %.

 

3) Cálculos de cistina La cistina es una de las sustancias que producen los músculos, nervios y otras partes del cuerpo. Esta sustancia se puede ir acumulando en la orina, hasta formar una piedra. La enfermedad que causa la formación de piedras de cistina es hereditaria. Estos cálculos son muy poco comunes (1 % de las nefrolitiasis) y son el producto de un transporte defectuoso de aminoácidos dibásicos (cisteina → disulfuro de cisteía o cistina y la lisina ornitina, arginina) en el intestino y en los túbulos renales.

 

4) Cálculos de estruvita Las piedras de estruvita (también conocida como "triple fosfato") pueden formarse después de una infección del sistema urinario o por presencia de cuerpos extraños en este sistema. Estos cálculos contienen el mineral magnesio y el producto de desperdicio, amoníaco además de fosfato. Este tipo de piedras son producto de la infección del tracto urinario, generalmente, por bacterias productoras de ureasa como Proteus. Suelen ser "mixtas" en su composición, ya que incluyen carbonato de calcio (CaCO3) y estruvita (MgNH4PO4), la cual forma un cristal en forma de «Tapa de féretro» (prismas rectangulares). Los cálculos de estruvita son más frecuentes en mujeres.​ Pueden producir una concreción en «asta de ciervo» en el interior de los riñones.

 

5) Cálculos menos frecuentes Otros tipos de cálculos, poco frecuentes, son los de xantinas, iatrogénicos, de silicato (inducido por fármacos como efedrina, o indinavir) y los cálculos espurios o falsos. Según sus características estructurales: Los cálculos renales pueden ser tan diminutos como un granito de arena o tan grandes como una perla. Incluso algunas piedras pueden tener el tamaño de una pelota de golf. La superficie de la piedra puede ser lisa o con picos. Por lo general son de color amarillo o marrón. Es posible que la ingestión de algunas pastillas como L-carnitina o preparados vitamínicos con calcio o magnesio ayude a la aparición de las piedras.

 

Algunos cálculos renales que ocupan el espacio conformado por la pelvis renal adquieren forma de coral o Litiasis coraliforme.

 

Cuadro Clínico

 

Si son muy pequeños o están en formación, suelen ser asintomáticos. Puede haber eliminación de cálculos generalmente cuando estos son de un diámetro menor que 0,5 cm y producir hematuria (orina con sangre) aisladas. Los síntomas suelen surgir cuando hay oclusión o cierre de algún uréter o de la unión uretero-pélvica, lo que provoca sus síntomas clásicos:

 

Obstrucción al flujo de orina. Hematuria. Cólico nefrítico: dolor que suele ser muy intenso, súbito, tipo cólico, que comienza en la fosa renal (región lumbar unilateral) y luego se irradia hacia la región inguinal y áreas genitales del mismo lado (escroto en el hombre). Suele acompañarse de náusea y vómito. Si la obstrucción se produce en la porción parietal del uréter en la vejiga, puede producir tenesmo, polaquiuria y disuria. También puede presentarse como un dolor abdominal de inicio agudo de menos de 12 horas de evolución.

 

Crónicamente favorecen las infecciones urinarias. Pueden dar un dolor silente que se irradia según el lugar donde quedó atrapado el cálculo dentro de la vía urinaria (riñón, uréter, vejiga).

 

Si se desplaza un cálculo, el espasmo de los músculos y la inflamación causada por el daño al tejido por donde pasa causan un dolor muy intenso tipo puntada, llamado cólico nefrítico. Si se expulsa parte del cálculo, pueden producirse casos de hematuria y disuria. También al sentir dolor, pueden presentarse náuseas y vómitos reiterados.

 

Tratamiento

 

A todo paciente con nefrolitiasis debe indicarse consumir cantidades copiosas de agua y evitar siempre la deshidratación. El mantenimiento de la orina diluida mediante fluidoterapia vigorosa es beneficioso en todas las formas de cálculos renales, por lo que aumentar el volumen de orina es un principio clave para la prevención de los cálculos renales. La ingesta de líquidos debe ser suficiente para mantener una producción de orina de al menos dos litros por día. Una ingesta alta de líquidos puede reducir la probabilidad de recurrencia de cálculos renales o puede aumentar el tiempo entre el desarrollo de cálculos sin efectos no deseados. Sin embargo, la evidencia que respalda estos hallazgos es incierta.

 

Técnicas para la eliminación de cálculos:

 

Tratamiento médico expulsivo: consiste en el uso de medicamentos para acelerar el paso espontáneo de cálculos en el uréter.​ Varios agentes, incluidos los bloqueadores alfa adrenérgicos (como la tamsulosina) y los bloqueadores de los canales de calcio (como la nifedipina), pueden ser eficaces.[8]​ Es probable que los alfabloqueantes provoquen que más personas eliminen los cálculos y es posible que los eliminen en menos tiempo. Las personas que toman alfabloqueantes también pueden usar menos analgésicos y es posible que no necesiten visitar el hospital.[9]​ Los alfabloqueantes parecen ser más efectivos para cálculos más grandes (de más de 5 mm de tamaño) que para cálculos más pequeños.[9]​ Sin embargo, el uso de alfabloqueantes puede estar asociado con un ligero aumento de los efectos adversos graves de este medicamento.​ Una combinación de tamsulosina y un corticosteroide puede ser mejor que la tamsulosina sola.​ Estos tratamientos también parecen ser útiles además de la litotricia.

 

Bloqueadores adrenérgicos α1 V.O. Estos relajan el músculo ureteral y facilitan la eliminación del cálculo sin dolor. Las indicaciones para la extracción del cálculo son: obstrucción grave, dolor rebelde, hemorragia interna, infección.

 

Litotricia extracorporal.

 

Es la fragmentación en el sitio del cálculo por ondas de choque, en la cual el medio de transporte de estas ondas es el agua. En ocasiones, los bloqueantes alfa se recetan después de la litotricia con ondas de choque para ayudar a que los fragmentos del cálculo abandonen el cuerpo de la persona. Al relajar los músculos y ayudar a mantener abiertos los vasos sanguíneos, los bloqueantes alfa pueden relajar los músculos del uréter para permitir que pasen los fragmentos de cálculos renales. En comparación con la atención habitual o el tratamiento con placebo, los alfabloqueantes pueden provocar una eliminación más rápida de los cálculos, una menor necesidad de tratamiento adicional y menos efectos no deseados.​ También pueden eliminar los cálculos renales en más adultos comparados con el procedimiento estándar de litotricia por ondas de choque. Los efectos no deseados asociados con los bloqueantes alfa son las visitas de emergencia al hospital y el regreso al hospital por problemas relacionados con los cálculos, pero estos fueron más comunes en los adultos que no recibieron bloqueantes alfa como parte de su tratamiento.

 

Nefrolitotomía percutánea.

 

Es una técnica en la cual se hace una pequeña incisión en el flanco del lado afectado y se utiliza un transductor de ultrasonido o láser de holmio para desintegrar el cálculo (ureteroscopia con desintegración del cálculo por medio de láser holmio)

 

Cirugía ureteroscópica.

 

La ureteroscopia se ha vuelto cada vez más popular a medida que los ureteroscopios de fibra óptica rígidos y flexibles se han vuelto más pequeños. Una técnica ureteroscópica implica la colocación de un stent ureteral (un pequeño tubo que se extiende desde la vejiga, sube por el uréter y llega hasta el riñón) para proporcionar un alivio inmediato de un riñón obstruido. La colocación de un stent puede ser útil para salvar un riñón en riesgo de insuficiencia renal aguda postrenal debido al aumento de la presión hidrostática, la hinchazón y la infección (pielonefritis y pionefrosis) causada por un cálculo obstructivo. Los stents ureterales varían en longitud de 24 a 30 cm y la mayoría tienen una forma comúnmente conocida como "doble J" o "doble coleta", debido al rizo en ambos extremos. Están diseñados para permitir que la orina fluya a través de una obstrucción en el uréter. Pueden quedar retenidos en el uréter durante días o semanas a medida que se resuelven las infecciones y a medida que la litotricia extracorpórea o algún otro tratamiento disuelven o fragmentan los cálculos. Los stents dilatan los uréteres, lo que puede facilitar la instrumentación, y también proporcionan un punto de referencia claro para ayudar en la visualización de los uréteres y cualquier cálculo asociado en los exámenes radiográficos. La presencia de endoprótesis ureterales permanentes puede causar molestias mínimas a moderadas, incontinencia de frecuencia o urgencia e infección, que en general se resuelven con la extracción. La mayoría de los stents ureterales se pueden extraer cistoscópicamente durante una visita al consultorio con anestesia tópica después de la resolución de la urolitiasis.

 

Actualmente, las investigaciones son inciertas sobre si colocar un stent temporal durante la ureteroscopía conduce a resultados diferentes a no colocar un stent en términos de número de visitas al hospital por problemas posoperatorios, dolor a corto o largo plazo, necesidad de analgésicos narcóticos, riesgo de infección urinaria, necesidad de un procedimiento repetido o un estrechamiento del uréter debido a las cicatrices.

 

Las técnicas ureteroscópicas más definitivas para la extracción de cálculos (en lugar de simplemente evitar la obstrucción) incluyen la extracción con canasta y la ureterolitotricia por ultrasonido. La litotricia con láser es otra técnica que implica el uso de un láser de holmio (Ho:YAG) para fragmentar cálculos en la vejiga, los uréteres y los riñones.​

 

Las técnicas ureteroscópicas son generalmente más efectivas que la litotricia extracorpórea con ondas de choque (LEOC) para tratar los cálculos ubicados en el uréter inferior, con tasas de éxito de 93 a 100% con la litotricia con láser Ho: YAG.​ Aunque la LEOC ha sido tradicionalmente preferida por muchos médicos para el tratamiento de cálculos localizados en el uréter superior, la experiencia más reciente sugiere que las técnicas ureteroscópicas ofrecen claras ventajas en el tratamiento de cálculos ureterales superiores. Específicamente, la tasa de éxito general es mayor, se necesitan menos intervenciones repetidas y visitas posoperatorias, y los costos del tratamiento son más bajos después del tratamiento ureteroscópico en comparación con la LEOC. Estas ventajas son especialmente evidentes con piedras de más de 10 mm (0,4 pulgadas) de diámetro. Sin embargo, debido a que la ureteroscopia del uréter superior es mucho más desafiante que la LEOC, muchos urólogos todavía prefieren utilizar la LEOC como tratamiento de primera línea para los cálculos de menos de 10 mm y la ureteroscopia para los de más de 10 mm de diámetro.​ La ureteroscopia es el tratamiento preferido en las personas embarazadas y con obesidad mórbida, así como en aquellas con trastornos hemorrágicos.

 

Cáncer de testículo

 

El cáncer de testículo es un tipo de cáncer que generalmente se origina en el testículo, una parte del sistema reproductor masculino, aunque también se puede manifestar inicialmente en el abdomen o en el tórax (mediastino). Su causa es hasta el momento desconocida. Es una enfermedad que ha pasado de ser extremadamente rara a principios del siglo XX, a ser en la actualidad el tipo de tumor maligno más común entre los varones jóvenes. Se diagnostica cada año esta enfermedad a entre 8000 y 9000 varones en Estados Unidos, 1400 en el Reino Unido, unos 500 en España y sobre 10 000 en la Unión Europea.​A lo largo de la vida, la probabilidad de desarrollar cáncer de testículo es de 1 entre 250 (0,4 %), aunque la incidencia varía en función de las razas. La mayor incidencia se da entre los varones de raza blanca de parte del norte de Europa. En la Unión Europea la menor incidencia se presenta en España. Los varones de raza negra tienen la menor incidencia global. Es más común entre los 15 y 40 años, aunque puede afectar a varones de cualquier edad. El cáncer de testículo tiene una de las tasas de curación más altas de todos los tipos de cáncer, por encima del 90 %, y prácticamente del 100 % si no se ha extendido.​ Incluso en los relativamente pocos casos en los que se ha extendido ampliamente, la quimioterapia consigue curar completamente al menos a la mitad de esos casos.

 

La gran mayoría de los casos de cáncer de testículo es detectado por el propio paciente. No produce síntomas generales que puedan hacer sospechar de un problema médico, como dolor o fiebre. Dado que el cáncer de testículo es curable cuando se detecta precozmente, los expertos recomiendan la realización mensual de la autoexploración testicular tras una ducha caliente, cuando el escroto está más relajado. El varón debe examinar suavemente cada testículo palpando en busca de bultos duros y luego comparar ambos.

 

Los síntomas incluyen:

 

Un pequeño bulto fijo en el propio testículo, generalmente indoloro​ Dolor agudo o pesadez en un testículo (sin haber recibido ningún golpe reciente) Una repentina acumulación de fluido en el escroto Ligero agrandamiento o molestias en los pezones o en los pechos (ginecomastia) Dolor sordo en el bajo vientre o la ingle Aumento o disminución significativos del tamaño de un testículo Dolor en la zona lumbar (lumbago) debido a que el cáncer se haya extendido a los ganglios linfáticos de la columna No es muy común que el cáncer de testículo se extienda a otros órganos, aparte de los pulmones, pero si se da el caso los síntomas pueden incluir:

 

Falta de aliento (disnea), tos o tos con esputos manchados de sangre (hemoptisis) Un bulto en los ganglios linfáticos del cuello. En el caso del seminoma especialmente en el lado izquierdo. Cualquiera de esos síntomas debería ser consultado con el médico, el cual valorará la importancia de los síntomas e indicará si es preciso realizar estudios complementarios o si es necesario acudir al urólogo u otro especialista.

 

El cáncer de testículo es uno de los más curables de todos si se detecta pronto.

 

El diagnóstico del cáncer de testículo se realiza mediante ultrasonidos con una ecografía de los testículos, y si lo hay, su extensión por rayos X y TAC. Además en un análisis de sangre se miden los marcadores tumorales específicos AFP, GCH-ß, (y LDH) que proporcionan mayor evidencia sobre el tipo de tumor y su extensión. En caso de que en la primera consulta haya un diagnóstico inicial dudoso, la ecografía debería ser realizada antes de 2 semanas.

 

La biopsia o PAAF del testículo está contraindicada en general,​ puesto que puede facilitar la dispersión del tumor por una ruta que no es la usual. Y está indicada solo en pacientes con tumores retroperitoneales o mediastinales.

 

El cáncer de testículo puede desarrollarse a partir de cualquier tipo de célula de las presentes en el testículo, pero más del 95 % de todos los cánceres de testículo son de células germinales. (Las células germinales producen los espermatozoides; en sí mismas no son patogénicas). En general, aquí nos referiremos al cáncer de testículo de células germinales. La histopatología del cáncer de testículo es complicada, y debería ser hecha por un patólogo experimentado que especifique características tales como, invasión vascular (en los no seminomas), de la rete testis (en los seminomas), o el porcentaje de los distintos tipos de tumor si los hubiere.

 

Infecciones Urinarias

 

La infección urinaria (también, infección de vías urinarias [IVU] o infección de tracto urinario [ITU]) es la existencia de sintomatología urinaria asociada a la presencia de microorganismos patógenos en la orina (bacteriuria), y puede consistir en una infección de la uretra, de la vejiga, del riñón o de la próstata. Los síntomas que acompañan a una infección de orina son los que componen el síndrome miccional, y debe tenerse en cuenta que las infecciones de orina también pueden ser asintomáticas. Desde el punto de vista microbiológico, cuando se detecta un crecimiento de 100 000 unidades formadoras de colonia por mililitro (UFC/ml) en una muestra de orina bien recogida, puede existir una infección urinaria. Cuando existen síntomas urinarios o piuria se considera ITU con valores mucho menores (hasta 100 ufc/ml). Cuando el recuento de colonias es superior a 10 000 ufc/ml y hay más de dos especies de gérmenes indica contaminación de la muestra. Se considera bacteriuria asintomática cuando, en ausencia de síntomas, hay más de 10 000 ufc/ml de un microorganismo en cultivo puro en dos muestras diferentes.

 

Ante un síndrome miccional en el que se excluyen otras causas del mismo (vaginitis, uretritis, prostatitis) y se confirma la presencia de leucocitos en orina se puede hacer el diagnóstico de infección urinaria sin necesidad de realizar urocultivo. Las infecciones del tracto urinario pueden ser tratadas con éxito con antibióticos. En casos no complicados, a menudo la enfermedad cede sin medicamentos. La enfermedad no es contagiosa

El número de casos nuevos en un año (incidencia) se acerca al 5 % en el sexo femenino en los grupos de menor edad. A mayor edad se eleva alrededor del 20 %. Aunque son infrecuentes las infecciones del tracto urinario en los hombres jóvenes, su riesgo se vuelve similar al de las mujeres con el paso de los años.

 

Existen tres picos de frecuencia para las infecciones del tracto urinario en la población. Una primera aparición de casos agrupados se encuentra en lactantes y niños pequeños, ya que todavía no reciben tratamiento de posibles malformaciones del tracto urinario. Asimismo, en este grupo de edad se vuelven frecuentes las infecciones con repetición. El segundo pico de frecuencia se encuentra entre las mujeres adultas, probablemente por el aumento en la actividad sexual y una mayor susceptibilidad durante el embarazo. Las personas mayores de ambos sexos, son el tercer grupo con mayor incidencia de la enfermedad. Las razones de ello son el estrechamiento de las vías urinarias por la degeneración relacionada con la edad, tales como la hiperplasia prostática en hombres y trastornos del útero en mujeres. Las infecciones urinarias son la principal causa de bacteriemia por bacterias Gram negativas.

Una infección del tracto urinario se produce en el 95-98 % de casos con aumento de agentes microbianos instalados a través de la uretra. En los demás casos, la infección del tracto urogenital se instala a través del torrente sanguíneo. El agente, generalmente bacterias, en la mayoría de los casos proviene del mismo cuerpo, fundamentalmente de la microbiota intestinal, vía la apertura exterior de la uretra y viajan por la uretra hasta la vejiga, donde se instala una inflamación de la vejiga llamada cistitis. Cuando la colonización asciende en dirección al riñón, puede conducir a la inflamación de la pelvis renal, incluyendo la infección del propio tejido renal (pielonefritis), y, por último, colonización de la sangre (Urosepsis). Algunos factores que aumentan el riesgo de una ITU incluyen:

 

Actividad sexual Embarazo Obstrucción urinaria Disfunción neurógena Reflujo vesicoureteral Factores genéticos El agente colonizante debe valerse de elementos propios para superar los mecanismos de defensa del hospedador. Algunos de estos mecanismos de defensa consisten en el flujo de líquido durante la micción, el urotelio o epitelio del tracto urinario, así como los anticuerpos IgA que se encuentran en el urotelio. Esto hace que la vejiga en individuos sanos se mantenga estéril. La orina de por sí es eficaz únicamente frente a unas pocas especies bacterianas y puede incluso promover el crecimiento de muchos tipos de agentes patógenos.

 

Los factores que afectan la germinación del patógeno durante el ascenso urinario incluyen la formación de una cápsula bacteriana, la producción de hemolisina para la disolución de los glóbulos rojos y la formación de filamentosos pilosos celulares que permiten la fijación de las bacterias a la superficie del tejido de las vías urinarias. La mayor densidad de receptores sensibles a estos pili se encuentra en la entrada de la vagina, la vejiga, uréter y pelvis renal.

Las mujeres jóvenes sexualmente activas son quienes tienen un mayor riesgo de infecciones urinarias. Esta propensidad se debe a su anatomía, especialmente a una uretra corta y a factores de conducta,[3]​ incluyendo el posponer la micción, actividad sexual y el uso de diafragmas y espermicidas que promueven la colonización de bacterias coliformes en el área periuretral. Afortunadamente la mayoría de las ITU en esta población no son complicadas y rara vez se ven asociadas con anormalidades funcionales o anatómicas.[3]​ En estudios de mujeres que consultan por dolor al orinar y frecuencia urinaria aumentada, al realizar en ellas estudios de pielografía intravenosa y ultrasonido se demostró una muy baja cantidad (tasas menores al 1 %) de anormalidades del tracto urinario. Por lo tanto, no se justifica insistir en planes diagnósticos agresivos en mujeres jóvenes que presentan un episodio de cistitis.

 

Un estimado de 40 % de mujeres reportan haber tenido una ITU al menos una vez en sus vidas.

 

Patogenia La cistitis no complicada se limita a pocos patógenos. Hasta un 90 % de episodios no complicados de cistitis son causados por E. coli y el resto por Staphylococcus saprophyticus coagulasa negativa y otros Enterobacteriaceae y enterococos. Adicionalmente la susceptibilidad antimicrobiana de estos organismos es altamente predecible. La mayoría, hasta un tercio, son resistentes a la ampicilina y sulfonamidas, pero la mayoría, entre 85-95 %, persiste susceptibles al trimetoprim-sulfametoxazol (TMP-SMX) y fluoroquinolonas.

 

Incontinencia Urinaria

 

La incontinencia urinaria es la pérdida involuntaria de orina que implica un importante impacto psicológico y social. Puede alterar el estilo de vida del paciente, por lo general es un problema subestimado ya que muchas poblaciones lo consideran un problema normal asociado a la edad, sin buscar diagnóstico y tratamiento, por lo que es importante siempre buscar una opinión especializada.

 

Para determinar el tratamiento, se debe entender el tipo de incontinencia que se presenta, las cuales son:

 

Por esfuerzo: al toser, estornudar, reír o hacer ejercicio, por lo general se asocia a un defecto en el mecanismo de cierre de la uretra ya sea por hipermovilidad o por deficiencia del esfínter. Está asociada a vejiga caída o atrofia de piso pélvico normal con la edad Por urgencia: se presenta la necesidad repentina e intensa de orinar, seguida de una pérdida involuntaria de orina. Se asocia a la contracción involuntaria del detrusor o a incremento de la sensibilidad, puede ser generada por lesión a sistema nervioso, obstrucción o por cambios normales por la edad y la reducción de la sustancia gris Por rebosamiento: Goteos frecuentes o constantes, ya que la vejiga no se vacía en su totalidad. Puede ser causada por una vejiga que no se contrae como debe o por presencia de obstrucción como la prostática o por estenosis de uretra Mixta: Presencia de esfuerzo y urgencia antes de la incontinencia

 

Síntoma inicial la presencia de salida de orina de forma involuntaria Sumado a esto el paciente puede presentar síntomas asociados al tracto urinario inferior los cuales son los siguientes

 

Síntomas de almacenamiento Síntomas de vaciamiento: Los que suceden durante la micción. Esfuerzo, intermitencia, goteo terminal, retardo en inicio de la micción, flujo delgado y flujo lento. Síntomas postmiccionales: Los que se presentan inmediatamente después de terminar de orinar. Sensación de vaciamiento incompleto, goteo postmiccional. Dependiendo de la combinación de síntomas y los datos de la exploración física se determinará si es necesario la realización de un estudio de urodinamia

 

La incontinencia puede tratarse con o sin fármaco. Tratamientos no farmacológicos:

 

Oclusores para incontinencia para hombres (externos). Mallas vaginales. Colectores de orina con bolsa. Ejercicios de Kegel (consiste en contraer los músculos pélvicos). Variación de Kegel con bolas chinas. Conos vaginales. Reentrenamiento de la vejiga. Estimulación eléctrica (PTNS). Pañales absorbentes. Método del retraso de la orina. Programación de la visita al baño. Dieta y pérdida de peso. Láser ginecológico. Tratamientos médicos:

 

Anticolinérgicos, B agonistas y antidepresivos se usan en pacientes con incontinencia asociada a vejiga hiperactiva Tratamiento quirúrgico

 

Colocación de sling sub uretral en hombre o mujer: En mujeres malla TOT para hipermovilidad, TVT si hay deficiencia del esfínter. En hombres el sling es por presencia de deficiencia de esfínter asociada a cirugía de cáncer de próstata en el cual no se realizó radioterapia. Colocación de agentes abultantes: Incontinencia urinaria por déficit del esfínter Esfínter artificial: Incontinencia urinaria por déficit del esfínter