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Existen tres tipos comunes de quistes ováricos:
Quistes ováricos funcionales: Estos quistes también se conocen como quistes foliculares y son frecuentes en mujeres jóvenes. La función de los ovarios es producir óvulos cada mes y no es infrecuente que estos óvulos queden retenidos y aumenten de tamaño. Estos quistes suelen ser autolimitados y pueden controlarse. Por lo general, estos quistes se resuelven espontáneamente sin ningún tratamiento. Quistes ováricos benignos: Estos quistes no son cancerosos pero no se resuelven espontáneamente. Los niveles del marcador tumoral (CA125) suelen ser normales y la cirugía puede realizarse por vía laparoscópica. Los quistes dermoides o los quistes de chocolate (endometriosis) son quistes ováricos benignos frecuentes. Quistes ováricos malignos (cáncer de ovario): Estos quistes suelen aparecer en mujeres de edad avanzada y el marcador tumoral (CA125) puede estar elevado. Aunque el cáncer de ovario puede sospecharse en las pruebas, se confirma tras su extirpación y análisis histológico. El tratamiento suele ser (aunque no siempre) mediante cirugía abierta. En algunos casos de cáncer de ovario avanzado, puede ser necesario un tratamiento adicional tras la cirugía en forma de quimioterapia.
Muchos quistes ováricos son asintomáticos, pero algunos pueden producir síntomas como dolor abdominal, plenitud del abdomen, bulto y, ocasionalmente, dolor agudo. El dolor agudo que aparece de forma aguda puede ser signo de complicaciones como torsión, hemorragia o rotura. Los quistes ováricos cancerosos en fases tempranas pueden no producir ningún síntoma o los síntomas pueden ser vagos o parecer no estar relacionados. Además de los síntomas anteriores, la distensión abdominal, la indigestión, la dispepsia o la alteración de los hábitos intestinales pueden asociarse a quistes ováricos malignos. La aparición de dolor pélvico después de los 50 años también es un síntoma importante. Estos síntomas suelen imitar el síndrome del intestino irritable (SII), por lo que debe acudir urgentemente a su médico de cabecera si tiene más de 50 años y presenta estos síntomas.
¿Qué pruebas pueden ser necesarias para hacer un diagnóstico?
Para hacer un diagnóstico se utiliza una ecografía (vaginal o abdominal). Puede aconsejarse una resonancia magnética para obtener más información sobre la naturaleza de un quiste ovárico. Puede realizarse un análisis de sangre CA125 (también conocido como prueba del marcador tumoral). Esta prueba suele elevarse en los quistes cancerosos, pero también puede elevarse en otras afecciones benignas como endometriosis, fibromas, infección, durante la menstruación y después de una intervención quirúrgica.
¿Cómo se trata generalmente un quiste ovárico?
No todos los quistes ováricos deben extirparse. Los quistes funcionales (foliculares) suelen resolverse espontáneamente. La cirugía puede ser necesaria si los quistes persisten o si hay síntomas. Si hay sospecha de cáncer, está indicada la cirugía urgente para hacer un diagnóstico y también como tratamiento. La mayoría de los quistes ováricos pueden extirparse por vía laparoscópica. Se realizan tres o cuatro pequeñas incisiones (5-10 mm) en la pared abdominal. A continuación se introducen una cámara e instrumentos quirúrgicos especiales para extirpar el quiste y se conserva el tejido ovárico sano. A continuación, el quiste se introduce en una bolsa de plástico, se descomprime y se extrae sin derramar nada dentro de la barriga. La cirugía mínimamente invasiva evita la necesidad de una gran incisión y tiene la ventaja de reducir la estancia hospitalaria y permitir una rápida recuperación y vuelta a la vida normal. No es necesario extirpar el ovario que contiene el quiste a menos que se sospeche que es canceroso o demasiado grande.
¿Hay mujeres más susceptibles?
No sabemos exactamente por qué, pero algunas mujeres parecen tener tendencia a desarrollar quistes ováricos recurrentes, a menudo quistes simples o funcionales. No siempre es posible prevenir estos quistes ováricos, pero tomar la píldora anticonceptiva puede ayudar a prevenir el desarrollo de un folículo ovárico y de quistes. Sabemos que algunas condiciones genéticas como la presencia de BRCA1&2 y los antecedentes familiares pueden aumentar el riesgo de cáncer de ovario. El cribado con ecografía y CA125 puede ayudar a la detección precoz en estas mujeres con mayor riesgo.
¿Afectan los quistes ováricos a la fertilidad?
Un quiste ovárico grande puede impedir que el ovario funcione correctamente. Algunos quistes ováricos están causados por la endometriosis, que puede asociarse a una reducción de las posibilidades de quedarse embarazada. Sin embargo, la mayoría de las veces un quiste ovárico no interfiere con las posibilidades de ovulación y fertilidad.
La menstruación, también llamada periodo o regla, es la expulsión periódica de un fluido biológico complejo, compuesto por sangre, secreciones vaginales y células endometriales del revestimiento uterino, que pasa por la vagina. Este fluido de aspecto similar a la sangre, es una manifestación visible del ciclo menstrual en la mayoría de mujeres y hembras mamíferas con útero en edad reproductiva. La mayoría de estas especies son antropoides: todos o la mayoría de los Catarrhini (monos del Viejo Mundo), de los hominoides de los que el ser humano forma parte, así como algunos Platyrrhini (monos del Nuevo Mundo). Los murciélagos y una especie de musaraña, el macroscélido de Peters, también tienen menstruación. En otros mamíferos, el tejido endomentrial es generalmente reabsorbido por las paredes uterinas.
El ciclo menstrual se caracteriza por el aumento y disminución de hormonas. La menstruación se desencadena por la disminución de los niveles de progesterona y es una señal de que no se ha producido un embarazo. Productos de higiene femenina se utilizan para mantener la higiene durante la menstruación. La menstruación corresponde a la evacuación de la capa superficial de la mucosa del útero, llamado endometrio, que se había formado anteriormente durante el ciclo menstrual para albergar un posible óvulo fecundado. Se produce en la última fase del ciclo menstrual, llamada fase postovulatoria, cuando el óvulo no es fecundado, la superficie del endometrio, ricamente vascularizada, es evacuada por la vagina en forma de hemorragias más o menos abundantes, durante un periodo que puede durar de tres a siete días, y que puede ir acompañado de dolor.
En las mujeres la primera menstruación o menarquia aparece entre la preadolescencia y la adolescencia. Suele comenzar durante la pubertad, entre los 11 y los 13 años de edad. Sin embargo, la menstruación a partir de los ocho años de edad se considera normal. La edad promedio de la primera regla suele ser más tardía en los países en desarrollo y más temprana en los países desarrollados. El tiempo típico entre el primer día de una regla y el primer día de la siguiente es de 21 a 45 días en mujeres jóvenes. En mujeres adultas, el rango oscila entre 21 y 35 días, con un promedio a menudo citado como 28 días. En el estudio más amplio usando datos de aplicaciones menstruales, se determinó que la duración media del ciclo menstrual era de 29,3 días. El sangrado suele durar de dos a siete días, y el volumen del flujo menstrual oscila entre 50 y 60 mililitros de sangre, pero varía según cada mujer y los ciclos. La menstruación suele interrumpirse durante el embarazo y, por lo general, no se reanuda durante los primeros meses de lactancia materna.[6] Tras el parto aparecen loquios (secreciones vaginales normales que contienen sangre, moco y tejido placentario). La menstruación, y con ella la posibilidad de embarazo, cesa después de la menopausia, que suele ocurrir entre los 45 y los 55 años.
Durante su período menstrual, alrededor de 38 % de las mujeres reportan no poder realizar todas sus actividades diarias habituales.[12] Síntomas previos a la menstruación que interfieren con la vida normal se denominan síndrome premenstrual (SPM). Entre el 20 % y el 30 % de las mujeres experimentan SPM, y entre el 3 % y el 8 % experimentan síntomas severos. Estos incluyen acné, sensibilidad en los senos, hinchazón, sensación de cansancio, irritabilidad y cambios de humor. Otros síntomas que algunas mujeres experimentan incluyen períodos dolorosos (condición conocida como dismenorrea; se estima que entre el 50 y el 90%) y sangrado abundante durante la menstruación y sangrado anormal en cualquier momento durante el ciclo menstrual. Una falta de períodos, conocida como amenorrea, se diagnostica cuando los períodos no ocurren para la edad de 15 años o no cuando vuelven a ocurrir tras noventa días.
La menstruación es la descarga de un complejo fluido biológico compuesto por: sangre, secreciones vaginales, células endometriales de la pared uterina y células madres mesenquimales. Se produce tras un ciclo menstrual en el que el óvulo que no ha sido fecundado. No todas las hemorragias que pueden producirse durante el ciclo menstrual son menstruaciones, por ejemplo puede producirse una hemorragia durante la nidificación en el embarazo.
La primera menstruación o menarquia se produce a una edad variable para cada mujer, que se estima entre los 12 y los 13 años. Sin embargo, pueden aparecer mucho antes o mucho después, sin que sean indicativos de una enfermedad. La edad de menarquia está afectada por factores socioeconómicos, principalmente aquellos relacionados con la alimentación y la actividad física y ha ido bajando significativamente durante el siglo anterior. La menstruación puede tardar varios ciclos en ser regular. El hipotético efecto McClintock indicaría que cuando varias mujeres viven juntas, la menstruación se sincroniza. Sin embargo, este efecto es muy controvertido y las pruebas científicas actuales sugieren que no hay sincronización y que la observada se debe al azar. Este fenómeno se ha observado en otros animales, como los ratones, en forma de sincronización del celo dentro del mismo grupo, fenómeno conocido como efecto Whitten.
El número de periodos en la vida de una mujer varía. El hecho de que las mujeres menstrúen todos los meses es relativamente reciente, ya que sus antepasados alternaban con frecuencia el embarazo y la lactancia, lo que impedía la aparición de la menstruación (amenorrea de la lactancia).
El número de períodos menstruales también depende en gran medida del entorno social. Se calcula que una mujer estadounidense tiene unas 450 menstruaciones a lo largo de su vida, mientras que una mujer aborigen australiana tiene unas 180, debido al mayor número de hijos concebidos y a la lactancia que sigue al embarazo. También se cree que las mujeres del Paleolítico estaban mal reguladas, debido a su corta esperanza de vida, al número de embarazos experimentados y a la posterior lactancia materna, pero también a su actividad física o a su mala salud, periodos que podían llevar a la falta de menstruación. Estas diferencias de comportamiento (embarazos más espaciados, ausencia o acortamiento de los períodos de lactancia), así como una pubertad más temprana, implican un mayor riesgo de carencia de hierro para la mujer occidental actual.
Ciclo menstrual
La menstruación forma parte del ciclo sexual femenino, el cual prepara el cuerpo de la mujer cada mes, para un posible embarazo. Un ciclo se cuenta desde el primer día de una menstruación hasta el primer día de la siguiente. El ciclo menstrual promedio tiene una duración de 28 días. Los ciclos pueden oscilar de 21 a 35 días en las mujeres adultas, y de 21 a 45 días en las jóvenes. Para que se presente el ciclo menstrual, durante el mes debe producirse la fluctuación de unas sustancias químicas del cuerpo denominadas hormonas. El ciclo sexual femenino está compuesto por cuatro etapas: la fase menstrual, la fase folicular, la fase ovulatoria y la fase lútea.
Fase ovárica
Tiene como elemento fundamental al folículo. Su desarrollo y maduración presenta tres características generales básicas: Selectividad: el folículo destinado a ovular procede de una población de folículos en crecimiento que, a su vez, provienen de una masa de folículos primordiales en reposo, formada durante el desarrollo embrionario y fetal. Continuidad: la puesta en marcha del desarrollo folicular es un proceso continuo hasta que las reservas estén exhaustas. Regularidad: el desarrollo folicular es un proceso regular y ordenado, con un índice constante de folículos que abandonan la reserva ovárica en una unidad de tiempo. Esto significa que el ovario es un sistema regulado y coordinado, de manera que el inicio del crecimiento folicular se realiza a intervalos de tiempo regulares y con un índice constante de depleción de la reserva.
Fase uterina (ciclo endometrial)
Las distintas estructuras que forman el útero se hallan sometidas a la influencia de las hormonas ováricas. Las modificaciones más importantes se producen en el endometrio, también se observan en el moco cervical, como expresión de la actividad de las glándulas del endocervix, y en forma mayor enfocada en sangre. Bajo la acción sucesiva de los estrógenos y la progesterona producidos por el ovario, la mucosa endometrial experimenta cambios cíclicos en su estrato funcional que se diferencian en tres etapas: Proliferativa o estrogénica (del 5.º al 13.er día del ciclo). Secretora o progestacional (del 14.º al 29.º día del ciclo). Menstrual o de disgregación (del 1.º al 4.º día del ciclo).
Embarazo
El embarazo, gestación o preñez es el estado de la hembra de la especie humana una vez que ha quedado embarazada (preñada) concibiendo al feto y llevándolo en su vientre. Transcurre entre la fecundación del óvulo por el espermatozoide, hasta el momento del parto. En cuanto a los significativos cambios fisiológicos, metabólicos e incluso morfológicos que se producen en la mujer encaminados a proteger, nutrir y permitir el desarrollo del feto, como la interrupción de los ciclos menstruales, o el aumento del tamaño de las mamas para preparar la lactancia. El término «gestación» hace referencia a los procesos fisiológicos de crecimiento y desarrollo del feto en el interior del útero materno. En rigor, y bien expresado, la gestación se refiere al desarrollo del feto y el embarazo se refiere a los cambios en la mujer que lo hacen posible, aunque en la práctica muchas personas utilizan ambos términos como sinónimos.
En la especie humana las gestaciones suelen ser únicas, aunque pueden producirse embarazos múltiples. La aplicación de técnicas de reproducción asistida está haciendo aumentar la incidencia de embarazos múltiples.
El embarazo humano dura entre 38 a 40 semanas a partir de la fecundación, aproximadamente 9 meses. Teniendo en cuenta la variación que se da en relación con la duración del embarazo, es más preciso decir que suele durar entre 37 y 42 semanas ya que solamente el 4 % de las mujeres dan a luz en la fecha predicha mediante la regla de Naegele. Si el bebé nace antes de la trigesimoséptima semana se considera un parto «prematuro», y si nace después de la cuadragesimosegunda se considera un parto «posmaduro».
En 2007 el Comité de Aspectos Éticos de la Reproducción Humana y la Salud de las Mujeres de la Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia (FIGO) definió al embarazo como la parte del proceso de la reproducción humana que comienza con la implantación del conceptus en la mujer.[cita requerida] La preñez se inicia en el momento de la nidación y termina con el parto. La definición legal del embarazo sigue a la definición médica: para la Organización Mundial de la Salud (OMS) el embarazo comienza cuando termina la implantación, que es el proceso que comienza cuando se adhiere el blastocito a la pared del útero (unos 4 o 6 días después de la fecundación). Entonces el blastocito atraviesa el endometrio uterino e invade el estroma. El proceso de implantación finaliza cuando el defecto en la superficie del epitelio se cierra y se completa el proceso de nidación, comenzando entonces el embarazo. Esto ocurre entre los días 12 a 16 tras la fecundación.
Se denomina embarazo ectópico o extrauterino al que se produce fuera del útero, por una implantación anómala del óvulo fecundado (habitualmente en alguna de las dos trompas de Falopio) y con mucha menos frecuencia en la cavidad peritoneal (embarazo abdominal) y otros sitios.
El embarazo no deseado es aquel que se produce sin el deseo o planificación previa por parte de la mujer y ante la ausencia o fallo de métodos anticonceptivos precoitales adecuados y la inefectividad o no administración de métodos anticonceptivos de emergencia posteriores al coito que prevengan un posible embarazo. Ante un embarazo no deseado y atendiendo a los principios de salud reproductiva de la OMS, la mujer puede continuar con la gestación y llevar a término el embarazo, o practicar una interrupción voluntaria del embarazo o aborto inducido, ya sea mediante un aborto con medicamentos o un aborto quirúrgico, dependiendo del periodo de gestación y siempre con la asistencia sanitaria adecuada, teniendo en cuenta que esta práctica puede ser ilegal en algunos países.
En todo el mundo, el 38 % de los embarazos son no deseados, el 21 % de ellos se da en adolescentes (de los cuales entre el 30 y el 60 % terminan en un aborto); unos 80 millones de embarazos no deseados cada año de un total de 210 millones de embarazos en todo el mundo.